Frente a los choques globales, proteger las inversiones que impulsan el crecimiento y el empleo

La economía mundial está entrando en otro período de mayor estrés. Las tensiones geopolíticas, la incertidumbre política, los riesgos climáticos y el rápido cambio tecnológico están haciendo que las decisiones políticas sean más complejas y consecuentes.

El aumento actual de los precios del petróleo y el endurecimiento de los suministros están presionando las finanzas públicas, especialmente en los países en desarrollo, alimentando la inflación, ampliando los desequilibrios externos y perturbando las cadenas de suministro. Ante la multiplicación de los choques, los gobiernos están haciendo difíciles compensaciones entre la estabilización a corto plazo y el desarrollo a largo plazo.

En un entorno de disminución de los recursos públicos y creciente incertidumbre, la cuestión central es cómo proteger las inversiones públicas que promueven el crecimiento y el empleo. Si bien no hay respuestas fáciles, tres principios generales pueden trazar un camino prometedor hacia adelante.

1. Sea Estratégico: Proteja Proyectos que Creen Trabajos Duraderos

Cuando se enfrenta a estrés fiscal, puede haber una reacción instintiva para recortar las inversiones públicas, especialmente para proyectos a largo plazo. Esta no es la respuesta correcta. La evidencia es clara: recortar la inversión de capital en tiempos difíciles puede perjudicar la recuperación, reducir la productividad y los salarios, y hacer que los países sean menos resistentes para soportar los choques futuros.

Es cierto que la presión fiscal puede llegar a ser tan severa que son necesarios algunos recortes en el gasto de capital. Pero cómo se hace esto importa enormemente. Es esencial, cuando se prioriza, proceder estratégica y cuidadosamente. Eso significa decir que sí a la caída de proyectos mal diseñados y de bajo impacto. También significa mantener el rumbo con inversiones de alto rendimiento que crean crecimiento y empleo y hacen que los países sean más resistentes para manejar un clima cambiante.

Establecer una capacidad robusta de planificación por adelantado es esencial. Esta es un área en la que muchos países están desarrollando activamente capacidades y donde el Banco Mundial está ayudando. Por ejemplo, en Filipinas, Vietnam y Mongolia, el Banco ha estado asesorando a los gobiernos sobre cómo ser más estratégicos al evaluar y seleccionar proyectos. El objetivo es que aquellos que hacen el recorte final realmente ofrezcan crecimiento económico y empleo a largo plazo.

2. Invertir en energía limpia y personas

El estrés creado por la actual presión en el suministro de petróleo ha reforzado una lección crítica: invertir en energía renovable y tecnologías limpias es una necesidad para la seguridad energética, la estabilidad macroeconómica, el desarrollo sostenido y los empleos. Los países se vuelven más resistentes cuando diversifican las fuentes de energía, lo que incluye la energía nuclear, ya que reduce la exposición a los choques de precios de la energía. Eso significa continuar invirtiendo en la infraestructura que hace posible la diversificación: formas más limpias de producir energía, sistemas descentralizados como microrredes solares y un suministro más confiable, particularmente en áreas remotas y propensas a desastres.

La inversión también debe continuar en su recurso más valioso de todos: su gente. Eso significa actualizar los sistemas educativos, para que los trabajadores desarrollen habilidades que les permitan la transición a sectores donde se están creando la mayoría de los puestos de trabajo. Las herramientas prácticas de inteligencia artificial son un ejemplo, desde ayudar a los pequeños agricultores a identificar las enfermedades de los cultivos o el ganado hasta mejorar el acceso a los servicios. Pero es más amplio que eso. Más allá de mejorar las habilidades técnicas, siga invirtiendo en educación de calidad, atención médica y programas sociales centrales que construyen capital humano.

3. Crear espacio fiscal mediante la reducción de residuos

Encontrar espacio financiero para la creación de empleo de inversiones públicas no se trata solo de impuestos y deudas más altos. La gestión de los recursos públicos también puede crear espacio fiscal. A nivel mundial, alrededor de un tercio de la inversión pública se desperdicia debido a la ineficiencia, y aún más en los países de bajos ingresos. Si bien los sobrecostos y los retrasos pueden ocurrir incluso con un proyecto bien planificado, la mayoría de las pérdidas se pueden evitar a través de una mejor evaluación, selección, implementación y mantenimiento. El descuido de financiar el mantenimiento drena silenciosamente las finanzas públicas al hacer que esos activos se deterioren prematuramente y aumenten los costos de reemplazo más adelante.

La implementación de tecnologías digitales puede ayudar a gestionar mejor los proyectos mejorando la transparencia, la rendición de cuentas y la relación calidad-precio, especialmente durante las crisis. Vietnam, por ejemplo, está avanzando hacia sistemas digitales que monitorean los resultados, mejorando la capacidad del gobierno para rastrear si el gasto está entregando resultados. Camboya sigue un camino similar.

No Reacciones—Actuar

La crisis actual de los precios del petróleo es un fuerte recordatorio de que los choques seguirán siendo una característica definitoria de la economía mundial. Los gobiernos deben estar preparados. Se gestionan bien, las inversiones públicas en proyectos que promueven el crecimiento y el empleo crean economías resilientes y fortalecen la energía y la seguridad climática. El camino a seguir es claro: proteger las inversiones de alto impacto, invertir en energía limpia y personas, y crear espacio fiscal mediante la reducción de residuos.



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